Su fe en Dios no era decorativa, era el motor silencioso de una vida entregada a la excelencia y al servicio.
Fue la primera ingeniera afroamericana de la NASA.
Sus cálculos contribuyeron a llevar al hombre al espacio.
Pero fuera de las aulas y los laboratorios, Mary vivía otro tipo de grandeza:
Puertas abiertas para los jóvenes que llegaban solos a una ciudad nueva.
Décadas liderando a niñas exploradoras.
Y un lema que lo decía todo. "Comparte lo que tienes y cuida los unos de los otros."
No necesitó predicar su fe.
La habitó.
Rompió techos de cristal y los convirtió en ventanas para que otras mujeres pudieran mirar hacia las estrellas. 🚀
La fe que mueve montañas no siempre levanta la voz, a veces, simplemente abre la puerta.

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Gracias por opinión es vital y constructiva