Antes de hablar, nuestro cuerpo ya está hablando.
Veamos lo que nos dice la ciencia sobre nuestras conversaciones.
Cada vez que abrimos la boca para decir algo, hay un proceso invisible que ya lleva varios segundos o incluso horas, trabajando por debajo.
Podemos apreciarlo en esta infografía donde se organiza ese proceso en dos grandes grupos.
Por un lado, están los neurotransmisores, que actúan directamente en el cerebro.
Estos son:
- La dopamina que nos impulsa o nos paraliza.
- La serotonina que regula el ánimo y la paciencia.
- Las endorfinas que nos permiten tolerar el dolor emocional sin perder la compostura.
- La oxitocina que construye confianza en medio de una conversación.
- GABA, el gran regulador que frena la excitabilidad y nos permite hablar con claridad.
Por otro lado están las hormonas, sustancias que viajan por la sangre y condicionan el cuerpo entero:
- El cortisol que si es crónico, nos hace percibir las palabras ajenas como amenazas.
- La melatonina que, cuando escasea, roba claridad mental y paciencia.
- La prolactina que fomenta un tono más protector.
- La adrenalina, que en su pico hace casi imposible cualquier comunicación pausada y asertiva.
Lo más revelador del cuadro es su sección final, en la que da luz sobre el vínculo entre sabiduría y biología.
El cortisol puede bloquear la oxitocina, es decir, el estrés apaga literalmente la empatía.
Y la endorfina, que produce la paz interna, ayuda a procesar el dolor para hablar sin ira.
Conocer esto no es un lujo intelectual, es una herramienta práctica.
Cuando entendemos qué está pasando dentro de nosotros antes y durante una conversación difícil, ganamos algo valioso: la posibilidad de elegir cómo responder, en lugar de simplemente reaccionar.


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