EL PROCESO DE VOLAR

Había una vez una oruga llamada Luna que vivía en la rama más alta de un roble antiguo.

Cada día observaba a las mariposas danzar entre las flores y suspiraba: "¡Qué suerte tienen ellas!"

Un día, una mariposa de alas doradas se posó junto a ella y le dijo sonriendo:

— ¿Suerte? Yo no tuve suerte, Luna. Yo tuve un proceso.

— ¿Qué quieres decir? preguntó la oruga Luna a la mariposa.

— Hubo un momento en que tuve que encerrarme en la oscuridad más absoluta, respondió la mariposa.

Sola, sin luz, sin movimiento, sin certeza de lo que ocurriría. 

Muchos días dudé si alguna vez saldría de ese lugar tan  sombrío.

Pero seguí confiando en lo que estaba ocurriendo dentro de mí, aunque no lo pudiera ver ni entender.

Luna guardó silencio.

— El milagro no fue volar, continuó diciendo la mariposa . 

El milagro fue, no rendirme durante la oscuridad de donde estaba.

Esa tarde, Luna comenzó a tejer su capullo. 

No sabía cuánto tiempo estaría dentro. 

No sabía cómo saldría. 

Pero por primera vez entendió algo importante:

Transformarse no es cuestión de suerte. 

Es cuestión de atravesar el proceso con valentía, fe y paciencia.

Semanas después, cuando Luna rompió su capullo, no pensó "¡qué milagro!"

Pensó: "Lo logré porque no me detuve ni me desesperé" Y sus alas, por fin, tocaron el viento. 🦋


Esta es la forma en que una oruga se convierte en mariposa. 

No es rápido.
No es cómodo. 
No es visible para todos. 

Es un proceso silencioso, oculto y profundo. 

La oruga debe detenerse, encerrarse, rendirse a un cambio que no puede controlar ni comprender completamente. 

Dentro del capullo, lo que era antes se deshace para que algo nuevo pueda formarse. 

No hay atajos. 
No hay aplausos. 
Solo transformación. 

Así también ocurre con los procesos más verdaderos de la vida. 

El crecimiento real muchas veces se ve como pausa. 

La transformación auténtica se siente como pérdida. 

Y el cambio más profundo ocurre cuando parece que nada está pasando. 

Pero dentro… Dios está obrando. 

Formando alas donde antes solo había pasos lentos. 

Preparando vuelo donde antes solo había arrastre. 

Porque toda metamorfosis verdadera requiere tiempo, silencio y entrega. 

Y cuando finalmente se abre el capullo, lo que emerge no solo cambió de forma, cambió de naturaleza. 

Por eso, si estás en un tiempo de espera, de presión o de silencio, no es el final. 

Es transformación.

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