
Había una vez una oruga llamada Luna que vivía en la rama más alta de un roble antiguo.
Cada día observaba a las mariposas danzar entre las flores y suspiraba: "¡Qué suerte tienen ellas!"
Un día, una mariposa de alas doradas se posó junto a ella y le dijo sonriendo:
— ¿Suerte? Yo no tuve suerte, Luna. Yo tuve un proceso.
— ¿Qué quieres decir? preguntó la oruga Luna a la mariposa.
— Hubo un momento en que tuve que encerrarme en la oscuridad más absoluta, respondió la mariposa.
—Sola, sin luz, sin movimiento, sin certeza de lo que ocurriría.
Muchos días dudé si alguna vez saldría de ese lugar tan sombrío.
Pero seguí confiando en lo que estaba ocurriendo dentro de mí, aunque no lo pudiera ver ni entender.
Luna guardó silencio.
— El milagro no fue volar, continuó diciendo la mariposa .
El milagro fue, no rendirme durante la oscuridad de donde estaba.
Esa tarde, Luna comenzó a tejer su capullo.
No sabía cuánto tiempo estaría dentro.
No sabía cómo saldría.
Pero por primera vez entendió algo importante:
Transformarse no es cuestión de suerte.
Es cuestión de atravesar el proceso con valentía, fe y paciencia.
Semanas después, cuando Luna rompió su capullo, no pensó "¡qué milagro!"
Pensó: "Lo logré porque no me detuve ni me desesperé" Y sus alas, por fin, tocaron el viento. 🦋
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