NO TE RINDAS: UN RECORDATORIO NECESARIO CUANDO LA PRESIÓN APRIETA

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
no te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
no te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
porque no hay heridas que no cure el tiempo.
abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
no te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

Hay textos que regresan a nosotros justo cuando más los necesitamos.

Uno de ellos es “No te rindas”, del escritor uruguayo Mario Benedetti, un poema que se ha convertido en un símbolo de resistencia emocional.

Sus versos —que invitan a aceptar las sombras, enterrar los miedos y retomar el vuelo— siguen siendo un refugio para quienes atraviesan momentos de presión o incertidumbre.

El mensaje central es simple y poderoso: la vida continúa, y nosotros con ella.

Aunque el frío queme o el miedo muerda, siempre queda un fuego interno capaz de sostenernos. Esa chispa, que a veces creemos perdida, es la que nos permite seguir avanzando, reconstruirnos y volver a empezar.

Resiliencia, el puente entre el poema y la vida real

El concepto de resiliencia, difundido por el psiquiatra Boris Cyrulnik y tomado de la idea física de los materiales que se doblan sin romperse, nos permite enlazar este emocionante poema con las circunstancias que puede aquejar nuestras vidas.

Así como un arco se curva para lanzar una flecha o un junco se inclina ante el viento, las personas también podemos recuperar nuestra forma después de la adversidad.

Hoy, desde la psicología positiva y la neurociencia, la resiliencia se entiende como la capacidad de mantener el equilibrio emocional frente al estrés, de soportar la presión sin quebrarnos y, en muchos casos, salir fortalecidos. No se trata solo de resistir, sino de transformarnos.

Un llamado a abrir puertas

El poema nos recuerda la importancia de soltar los cerrojos, bajar la guardia y extender las manos.

Recuperar la risa, ensayar un canto, desplegar las alas. Son imágenes que funcionan como pequeñas instrucciones para volver a la vida cuando sentimos que el peso es demasiado.

Y en estos días —cuando la presión avanza, cuando el cansancio se acumula, cuando el mundo parece exigir más de lo que podemos dar— estas palabras se sienten especialmente vigentes.

Cada día es un comienzo nuevo

El texto cierra con una afirmación luminosa: cada día es una oportunidad. No importa lo que haya pasado antes; siempre existe un momento para recomenzar, para elegir de nuevo, para recordar que no estamos solos.

Quizás por eso este poema sigue circulando, inspirando y sosteniendo. Porque, en esencia, es un abrazo hecho de palabras.

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