En el mundo de la comunicación profesional, hablar bien no es solo hablar con claridad o con buena voz. Hablar bien es, ante todo, hablar con propósito. Y uno de los criterios más exigentes de ese propósito es la pertinencia: la capacidad de decir lo que corresponde, a quien corresponde, en el momento que corresponde.
La palabra pertinente proviene del latín pertinens, que significa 'lo que pertenece' o 'lo que concierne'.
Un mensaje pertinente es aquel que pertenece a ese contexto, a esa audiencia, a ese instante. No sobra. No falta. No llega antes de tiempo ni después de que ya no importa. No está dirigido a nadie en general, porque está pensado para alguien en particular.
Exploraremos qué es la pertinencia en el mensaje oral, por qué es una habilidad crítica en entornos profesionales, y cómo puede desarrollarse de manera práctica.
¿Por qué la pertinencia es una habilidad crítica?
Vivimos en la era de la sobreabundancia de información.
Las personas reciben cientos de mensajes cada día: correos, reuniones, presentaciones, podcasts, videos, conversaciones. En ese ruido constante, la pertinencia es lo que hace que un mensaje se distinga. No porque sea el más largo, ni el más elaborado, sino porque es el que responde exactamente a lo que el oyente necesita en ese momento.
En entornos laborales, educativos y públicos, la falta de pertinencia tiene costos reales:
•Reuniones que se extienden porque el expositor introduce temas que no corresponden al objetivo.
• Presentaciones que pierden al público porque el contenido no responde a sus preguntas reales.
• Discursos que generan distancia porque el orador habla desde su propio mundo y no desde el de su audiencia.
• Propuestas rechazadas porque el mensaje llega en el momento equivocado del proceso de decisión.
La pertinencia no es solo una virtud retórica: es una forma de respeto. Respetar el tiempo, la atención y el contexto de quienes nos escuchan.
Las tres dimensiones de la pertinencia oral
1. Pertinencia temática: decir lo que viene al caso
La pertinencia temática responde a la pregunta: ¿este contenido realmente pertenece a este mensaje? Un orador puede conocer mucho sobre su campo, pero no todo lo que sabe es relevante para cada audiencia o cada situación.
El error más frecuente en esta dimensión es la acumulación: incluir datos, anécdotas, ejemplos o desarrollos que enriquecen el conocimiento del orador pero no aportan valor al oyente. Esto suele ocurrir cuando el expositor prepara el mensaje pensando en lo que quiere decir, en lugar de pensar en lo que el otro necesita escuchar.
Un mensaje pertinente no es el que más información contiene, sino el que contiene la información exacta que la situación requiere.
Preguntas clave para evaluar la pertinencia temática:
• ¿Este contenido responde a la pregunta que mi audiencia tiene en mente?
• ¿Qué pasaría si lo elimino? ¿El mensaje perdería fuerza o seguiría siendo completo?
• ¿Estoy incluyendo esto porque es necesario o porque me resulta interesante?
2. Pertinencia contextual: leer el momento
Un mensaje puede ser verdadero, bien construido y relevante en abstracto, pero completamente inadecuado para el contexto específico en que se emite. La pertinencia contextual tiene que ver con la lectura del momento: el estado emocional de la audiencia, la fase del proceso en que se encuentra, las expectativas implícitas del encuentro.
Un gerente que da retroalimentación técnica en un momento de crisis emocional del equipo está siendo impertinente, aunque su contenido sea correcto. Un conferencista que desarrolla argumentos filosóficos ante una audiencia que espera herramientas prácticas está desatendiendo el contexto.
La pertinencia contextual exige una habilidad que no siempre se enseña en los cursos de oratoria: la escucha activa antes de hablar.
Observar, leer el ambiente, ajustar el tono y el contenido antes de comenzar, y durante el desarrollo del mensaje cuando sea necesario.
Algunos indicadores del contexto que un orador debe interpretar:
• El nivel de conocimiento previo de la audiencia sobre el tema.
• El estado de ánimo del grupo (expectante, cansado, escéptico, motivado).
• El objetivo real de la reunión o el evento, que puede diferir del objetivo declarado.
• Las preguntas no formuladas que el público tiene pero no ha dicho.
3. Pertinencia relacional: hablar desde el lugar adecuado
Toda comunicación ocurre dentro de una relación. El vínculo entre el orador y la audiencia condiciona ¿qué puede decirse?, ¿cómo puede decirse? y ¿qué efectos tendrá lo que se dice? La pertinencia relacional consiste en hablar desde el lugar que corresponde dentro de ese vínculo.
Un colega que da instrucciones con tono de autoridad jerárquica quiebra la pertinencia relacional. Un líder que pide disculpas con excesiva formalidad puede resultar igualmente impertinente. Hablar pertinentemente en términos relacionales implica calibrar el registro: formal o informal, cercano o distante, directivo o colaborativo.
Esto incluye también la pertinencia del emisor: hay mensajes que deben venir de ciertas personas para ser efectivos. Reconocer cuándo uno es el emisor adecuado y cuándo no lo es, y actuar en consecuencia, es parte de la madurez comunicacional.
Pertinencia vs. concisión: una distinción necesaria
La pertinencia y la concisión son conceptos relacionados pero distintos.
La concisión tiene que ver con la economía de palabras: decir lo máximo con lo mínimo.
La pertinencia tiene que ver con la adecuación al contexto: decir lo que corresponde.
Un mensaje puede ser conciso e impertinente: pocas palabras que no responden a lo que la situación requiere.
Un mensaje puede ser extenso y perfectamente pertinente: todo lo que dice es necesario para esa audiencia en ese momento, aunque requiera desarrollo.
La distinción importa porque un orador que se preocupa solo por la brevedad puede volverse críptico o superficial.
Un orador que trabaja la pertinencia se pregunta algo más profundo: ¿qué es lo que esta situación necesita de mí?
Cómo desarrollar la pertinencia como habilidad
Preparación centrada en la audiencia
El primer paso para construir mensajes pertinentes es desplazar el centro de la preparación: pasar de '¿qué voy a decir?' a '¿qué necesita escuchar esta audiencia específica?' Esto implica investigar o conocer de antemano a quiénes se va a dirigir el mensaje: sus preguntas, sus preocupaciones, su nivel de información, su contexto actual.
Una herramienta útil es la técnica de la pregunta implícita: antes de estructurar cualquier mensaje oral, el orador identifica cuál es la pregunta real que su audiencia tiene en mente, aunque no la haya formulado. Todo el mensaje se construye como una respuesta a esa pregunta.
El filtro del propósito
Antes de incluir cualquier elemento en un mensaje oral: un dato, un ejemplo, una digresión, el orador puede aplicar un filtro simple: ¿Este elemento sirve al propósito central del mensaje y a las necesidades de esta audiencia? Si la respuesta es negativa o dudosa, el elemento debe eliminarse o reservarse para otro momento.
Este filtro es especialmente valioso en contextos de alta presión, como presentaciones ejecutivas, negociaciones o situaciones de conflicto, donde la tentación de sobre-comunicar puede trabajar en contra del orador.
La escucha como práctica previa
La pertinencia oral no comienza cuando el orador abre la boca. Comienza cuando escucha.
Los oradores que más impactan en entornos profesionales son aquellos que, antes de hablar, han prestado atención real a su audiencia: observan, hacen preguntas, escuchan conversaciones previas, leen el ambiente.
Esta escucha activa permite ajustar el mensaje en tiempo real, un proceso que los comunicadores experimentados llaman 'lectura de sala' que es la capacidad de modificar el contenido, el tono o la estructura del mensaje sobre la marcha, en función de lo que la audiencia está mostrando.
La revisión post-mensaje
Una práctica frecuentemente descuidada es la revisión crítica del mensaje después de haberlo emitido.
Preguntas como ¿respondí lo que necesitaban? ¿hubo momentos en que perdí la conexión? ¿qué podría haber omitido? permiten afinar la sensibilidad hacia la pertinencia con el tiempo.
Los oradores que se someten regularmente a este tipo de autoevaluación desarrollan un instinto comunicacional que va más allá de las técnicas: aprenden a sentir cuándo un mensaje está alineado con su contexto y cuándo no.
Pertinencia en distintos contextos profesionales
La pertinencia se manifiesta de manera diferente según el entorno comunicacional:
• En reuniones de trabajo: Un participante pertinente habla cuando su aporte agrega valor al objetivo de la reunión, no para demostrar conocimiento o presencia.
• En presentaciones ejecutivas: El orador presenta lo que el tomador de decisiones necesita para decidir, no todo lo que sabe sobre el tema.
• En situaciones de liderazgo: El líder elige sus palabras en función del estado del equipo, no solo de su agenda personal.
• En conversaciones difíciles: El interlocutor pertinente sabe qué decir, qué callar y cuándo es el momento para cada cosa.
• En comunicación pública o conferencias: El orador conecta su tema con las preguntas vivas de su audiencia, no solo con su dominio académico.
La pertinencia como inteligencia comunicacional
Desarrollar mensajes orales pertinentes no es un truco retórico.
Es el resultado de una forma de pensar: pensar en el otro antes de hablar.
Es preguntarse cada vez, ¿Qué necesita esta persona, este grupo, este momento? Es reconocer que la comunicación no ocurre en el vacío, sino siempre en un contexto, con personas reales, con expectativas específicas.
En la medida en que un profesional cultiva esta sensibilidad, su comunicación deja de ser una proyección de sí mismo y se convierte en un puente. Un puente construido con las palabras exactas, en el momento exacto, para las personas exactas.
Eso es pertinencia. Y es, quizás, la forma más sofisticada de hablar bien.

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por opinión es vital y constructiva