Por eso, el vocabulario adecuado en la oralidad cumple varias funciones vitales:
1. Hace que nos entiendan rápido (claridad oral)
En lo escrito, el lector puede volver atrás. En lo oral, no. Si decimos "vehículo de tracción simple" en lugar de "moto", podemos confundir a nuestro interlocutor. El vocabulario oral efectivo es el que el oyente reconoce al instante.
2. Genera cercanía o distancia según quieras
El vocabulario también tiene una función social. Hablar con un niño no es lo mismo que con un juez.
Saber cambiar "falleció" por "se murió", o "me agradaría" por "me gustaría", es parte de la inteligencia oral. El vocabulario adecuado permite conectar con quien nos escucha.
3. Evita malentendidos (y conflictos)
¿Cuántas discusiones empiezan porque alguien dijo "siempre llegas tarde" en lugar de "últimamente llegas tarde"? El matiz está en una palabra. En la oralidad, el vocabulario preciso es como un cirujano: corta justo donde debe.
4. Da credibilidad o la quita
Si en una exposición decimos "la célula se come la bacteria" en lugar de "la célula fagocita la bacteria", según el contexto, se puede sonar infantil o poco profesional. El vocabulario adecuado (sin caer en tecnicismos innecesarios) construye autoridad.
5. Permite matizar y ser sutil
Lo oral permite desarrollar la expresión mucho más que lo escrito en cuanto a tono, por tanto el vocabulario sigue siendo clave.
Decir "no me gusta" no es lo mismo que "no me entusiasma", "me es indiferente" o "lo detesto".
Tener un vocabulario rico (no necesariamente culto) nos proporciona herramientas para expresar graduaciones emocionales.
Es desesperante querer hablar y no contar con las palabras necesarias para plasmar y transmitir una idea.
Pero también es frustrante tratar de entender un mensaje y no conocer las palabras que nos están diciendo.
El vocabulario es la pieza maestra de toda comunicación oral efectiva.

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