Básicamente, te vuelves un "atleta de la queja"; tu cerebro se vuelve increíblemente rápido y eficiente encontrando problemas donde otros ven soluciones.
El sesgo de confirmación:
Cuando estamos en modo "queja", nuestro cerebro activa un filtro. Empezamos a ignorar las cosas buenas (porque no encajan con nuestra narrativa actual) y nos enfocamos solo en lo que sale mal para darnos la razón a nosotros mismos. ¡Es como si tuvieras un imán para los semáforos en rojo!
Es contagiosa (literalmente): Ver a alguien quejarse activa las neuronas espejo.
Tu cerebro intenta "empatizar" recreando ese estado emocional, por lo que una sesión de quejas en la oficina puede arruinarle el día a un grupo entero sin que se den cuenta.
¿Te gustaría que buscáramos algún ejercicio sencillo para "hackear" este hábito de la queja y entrenar el cerebro hacia lo positivo?

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por opinión es vital y constructiva