¿QUÉ DEJAN EN LOS DEMÁS NUESTRAS PALABRAS?


Hay conversaciones que terminan en pocos minutos, pero sus palabras permanecen durante años y a veces toda la Vida. 

Una frase puede devolverle la confianza a una persona que estaba a punto de perderla, pero también puede hacer lo contrario: abrir una herida, romper una relación o levantar un muro donde antes existía un puente, y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta.

Hablamos, respondemos, opinamos, reaccionamos y lo hacemos tan rápido que pocas veces nos detenemos a pensar ¿Qué estoy dejando en la otra persona con lo que acabo de hablar? 

Hablamos en piloto automático.
En la vida cotidiana utilizamos expresiones que parecen justificar nuestras palabras: 
  • Yo solo dije la verdad. 
  • No fue para tanto. 
  • Es que así hablo yo.
  • No quise decirlo de esa manera. 
Pero existe una realidad que debemos aprender a reconocer: nuestra intención no siempre determina el efecto de nuestras palabras. 
  1. Podemos no haber querido herir y, aun así, haber herido. 
  2. Podemos pensar que simplemente estamos siendo sinceros y, sin embargo, haber humillado. 
  3. Podemos creer que estamos haciendo una observación y haber sembrado inseguridad. 
Por eso, comunicarnos bien no consiste solamente en saber qué queremos decir, también implica pensar cómo nuestras palabras pueden ser recibidas por quien las escucha. 

Hablar es influir 
Cuando hablamos, no solamente producimos sonidos, también transmitimos ideas, emociones, opiniones y actitudes. 

Nuestra voz puede transmitir seguridad o desprecio, puede expresar cercanía o distancia, puede tranquilizar o provocar temor. Por eso, hablar es influir. 

Cada conversación deja algo. 
A veces dejamos ánimo. 
Otras veces dejamos tristeza. 

Podemos dejar confianza, esperanza, motivación y deseo de seguir adelante, pero también podemos dejar resentimiento, inseguridad, vergüenza o dolor. 

La pregunta entonces no debería ser únicamente: ¿Qué quise decir? También deberíamos preguntarnos ¿Qué pudo haber sentido la otra persona al escucharme? 

Una palabra puede construir un puente 
Imagina una relación en la que ha comenzado a aparecer distancia. Tal vez no ocurrió nada extraordinario. 
Simplemente se fueron acumulando pequeñas palabras, respuestas cortantes, críticas, indiferencia y silencios. 
Hasta que un día descubrimos que entre dos personas que antes estaban cerca existe un muro. 

Pero también puede ocurrir lo contrario. 
  • Una conversación sincera puede abrir nuevamente una puerta. 
  • Un 'perdóname', puede comenzar a reparar una relación. 
  • Un 'te entiendo' puede aliviar una carga. 
  • Un 'gracias' puede hacer sentir valorada a una persona. 
  • Un 'cuenta conmigo', puede devolver esperanza. 
Las palabras también construyen puentes. Antes de hablar, detente un segundo, no se trata de vivir con miedo a hablar ni de esconder siempre lo que pensamos. 

La comunicación efectiva no significa decir solamente cosas agradables, a veces debemos decir verdades difíciles, tenemos que corregir, poner límites, expresar desacuerdos y defender aquello en lo que creemos. 

Pero la verdad no necesita ser cruel para ser verdad. 
Podemos ser firmes sin humillar. 
Podemos corregir sin destruir. 
Podemos expresar nuestro desacuerdo sin atacar a la persona. Podemos decir lo que pensamos y, al mismo tiempo, cuidar la manera en que lo decimos. 

Ese pequeño instante antes de hablar puede cambiar una conversación. 

Preguntémonos: 
¿Es necesario decirlo?
¿Cómo puedo decirlo mejor? 
¿Estoy tratando de resolver algo o simplemente estoy reaccionando? Y, sobre todo: ¿Qué quiero dejar en el otro cuando termine esta conversación? 

Al final, nuestras palabras hablan de nosotros mismos. 
Hay algo profundo. Nuestras palabras no solamente afectan a quienes nos escuchan, también revelan mucho de nosotros, revelan ¿cómo pensamos? ¿qué valoramos? ¿qué llevamos dentro? ¿cómo tratamos a quienes no pueden ofrecernos nada a cambio? Por eso, cuidar nuestras palabras no es solamente una técnica de comunicación es también una forma de cuidar nuestras relaciones y de cuidar nuestro propio corazón. 

La próxima vez que estemos a punto de responder impulsivamente, hagamos una pausa, respiremos y pensemos, porque una palabra no siempre puede retirarse después de haber sido pronunciada. 

Puedes construir un puente o puedes levantar un muro. 
Las palabras tienen poder; úsalas para unir.

Te invito a ver un video corto en en que resumo aspectos de este importante tema.


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