¿CÓMO DEBEN SER LAS PALABRAS?

Las palabras tienen el poder de construir o destruir; pueden ser puentes que acercan o muros que aíslan.

Lo que hablamos, no puede borrarse, es difícil de cambiar y suele perdurar en los recuerdos de la mayoría de la gente.

Las palabras dichas no pueden recogerse, por lo que, administrarlas provechosamente, es una de las mejores gestiones que puede realizar una persona que desea tener receptividad dentro de su comunidad.

Las palabras como puentes.

Son la esencia del arte de conectar.

Cuando usamos las palabras para unir, transformamos nuestro entorno personal e inmediatamente después fortalecemos nuestras relaciones con los demás

Aquí vemos cómo se construyen estos puentes:

1. Empatía en acción: Lo que significa validar el dolor y las circunstancias de la otra persona.

Quien tiende puentes dice:

"Comprendo por lo que estás pasando. ¿Cómo puedo ayudarte?".

Estas palabras solidarias cultivan la confianza y el apoyo mutuo.

2. Aprecio sincero: Es en esencia, reconocer el valor de los demás. 

Un simple "Gracias por tu esfuerzo, realmente lo valoro", es una expresión que refuerza la motivación y estrecha los vínculos.

3. Diálogo oportuno: Es la pura intención de abrir caminos hacia el entendimiento. 

Al decir: "Podemos encontrar una solución juntos", desactivamos el conflicto y facilitamos la negociación.

Perdón a tiempo: Es sanar efectivamente las relaciones rotas. 

Decir "Me equivoqué, lo siento, perdóname", requiere valentía, pero es la herramienta más eficaz para derribar barreras y restaurar la unidad.

El filósofo chino Confucio lo resumió así: "El que no puede perdonar a otros, destruye el puente por el que él mismo debe pasar".

Jesús fue aún más lejos cuando Pedro le preguntó cuántas veces debía perdonar a su hermano, sugiriendo si hasta siete veces. Jesús le respondió: "No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete" (Mateo 18:21-22).

4. Aliento fortalecido: Lo que conlleva impulsar el potencial ajeno. 

Frases como "Creo en ti, sé que puedes lograrlo", no solo motivan, sino que refuerzan la autoestima y el crecimiento de quienes nos rodean.

El peligro de dividir

Hablemos ahora de las palabras usadas como muros.

Cuando usamos el lenguaje de forma descuidada o malintencionada, levantamos barreras que nos alejan de los demás. 

Afloran entonces las acciones y sentimientos siguientes:

1. Crítica destructiva: Frases despectivos como "Siempre haces todo mal" no corrigen, solo desmotivan y siembran resentimiento.

2. Desprecio: Al decir "No me importa lo que pienses", clausuramos la comunicación de golpe y marcamos una distancia fría con el interlocutor.

3. Insultos: Expresiones como "eres un inútil" atentan directamente contra la dignidad humana, alimentando la hostilidad y la agresión.

4. Indiferencia: El desdén de un "haz lo que quieras, me da igual", corta la conexión emocional, dejando al otro en el desamparo afectivo.

5. Sarcasmo hiriente: Escudarse en la ironía con frases como "claro, seguro eres el mejor en todo..." humilla en silencio, genera rencor y ahuyenta a las personas.

Fortalecer las relaciones inicia por construir nexos de amabilidad con lo demás, y reconocer que los puntos de vista e ideas diferentes a las nuestras, contribuyen a acrecentar el crecimiento humano.

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