Por otro lado, están los elementos fundamentales que intervienen en cualquier acto comunicativo.
Las partes clave del mensaje oral
Para lograr un inicio impactante, puedes comenzar con una anécdota, una pregunta retórica, un dato sorprendente o una cita célebre.
Desarrollo (o cuerpo):
Constituye la parte central y más extensa de la intervención, donde se expone la información de manera detallada y ordenada.
Es recomendable agrupar las ideas en temas y subtemas, y apoyar las afirmaciones con ejemplos, datos y argumentos sólidos para darles mayor credibilidad.
Un cierre efectivo puede incluir un llamado a la acción, una reflexión final o una frase que genere un impacto duradero.
Los elementos que componen el acto comunicativo
Emisor: Quien genera y transmite el mensaje.
Receptor: Quien recibe y decodifica (interpreta) el mensaje.
Mensaje: La información o contenido que se transmite.
Canal: El medio físico por el cual viaja el mensaje (por ejemplo, la voz, el teléfono).
Código: El sistema de signos utilizado para comunicarse (por ejemplo, el idioma español, inglés).
Situación o Contexto: Las circunstancias y el entorno en que se produce la comunicación (por ejemplo, un aula, una reunión de trabajo).
Retroalimentación (Feedback): La respuesta del receptor, que permite al emisor saber si su mensaje ha sido comprendido.
Antes de hablar. La Preparación estratégica
Conoce a tu audiencia: No es lo mismo hablar para un grupo de expertos que para un público general. Adapta el vocabulario técnico y los ejemplos a lo que ellos conocen.
Define una sola idea central: Si intentas decir 10 cosas, la gente no recordará ninguna. Pregúntate: "Si solo pudieran recordar una frase de todo esto, ¿cuál debería ser?".
Estructura con la "Regla de Tres": El cerebro humano retiene mejor la información en grupos de tres. Si puedes, organiza tu desarrollo en tres puntos principales claros.
Ensaya en voz alta: Leer mentalmente no sirve. Al hablar en voz alta detectarás muletillas, frases demasiado largas o falta de aire.
Durante la intervención La Ejecución
El poder de la primera pausa: Cuando llegues al frente (o empieces a hablar), no hables inmediatamente. Mira a tu audiencia, respira hondo durante 2 segundos y luego empieza. Esa pausa transmite control y seguridad.
Aterriza las ideas con ejemplos: La teoría se olvida; las historias y ejemplos concretos se recuerdan. Si das un dato abstracto, acompáñalo de un "Por ejemplo...".
Gestiona las muletillas: Si necesitas tiempo para pensar, sustituye el "Ehhh..." por un silencio. El silencio te hace parecer reflexivo; la muletilla te hace parecer nervioso.
El cierre circular: Una técnica muy elegante es terminar tu conclusión haciendo referencia a la frase o idea con la que empezaste en la introducción. Esto crea una sensación psicológica de "cierre perfecto".
En situaciones de nervios o improvisación



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