LA CONCISIÓN EN ORATORIA


"La perfección se alcanza, no cuando ya no hay nada que añadir, sino cuando ya no hay nada que quitar."  Antoine de Saint-Exupéry

Hay oradores que hablan durante cuarenta minutos y no dicen nada memorable. Y hay quienes, en tres frases, cambian la forma en que una sala entera piensa sobre un problema.

La diferencia no siempre es la profundidad del contenido: muchas veces, es la disciplina del lenguaje.

La concisión es una de las cualidades más exigentes y más valoradas en la oratoria.

No se trata de hablar poco.
Se trata de hablar lo necesario, con la palabra exacta, en el momento justo.

Practicarla requiere pensamiento claro, autodominio y respeto por el tiempo del oyente.

En este artículo exploramos qué es la concisión, por qué importa, cómo se pierde y cómo se recupera en la práctica oral.

¿Qué es la concisión?
Concisión no es brevedad a secas. Una intervención puede ser breve y, aun así, confusa o incompleta.

Tampoco es reducción forzada: recortar palabras sin criterio puede mutilar el sentido de lo que se quiere decir.

La concisión es la proporción exacta entre lo que se dice y lo que se necesita decir.

Es la capacidad de transmitir una idea con la mínima cantidad de palabras necesarias para que el oyente la comprenda, sin que falte nada esencial ni sobre nada superfluo.

En términos prácticos, un discurso conciso es aquel donde cada frase tiene función. No hay rellenos, no hay rodeos innecesarios, no hay repeticiones que no sean deliberadas. El mensaje avanza.

¿Por qué cuesta tanto ser conciso?
La mayoría de los comunicadores no pecan de escasez, sino de abundancia.

Y casi siempre hay razones concretas detrás de esa abundancia:

Miedo al silencio. Muchos hablantes sienten que detenerse es perder el control. Para evitar la pausa, llenan el espacio con palabras de transición vacías, muletillas o explicaciones redundantes.

Inseguridad en el contenido. Paradójicamente, cuando no estamos seguros de algo, tendemos a hablar más sobre ello. La sobreexplicación es con frecuencia una señal de que el pensamiento no está del todo ordenado.

Confusión entre cantidad y valor. Existe la creencia inconsciente de que hablar mucho demuestra preparación o dominio del tema. En la práctica, ocurre lo opuesto: quien domina un tema puede explicarlo con sencillez y en pocas palabras.

Preparación insuficiente. Blaise Pascal escribió alguna vez a un amigo: "Te escribo una carta larga porque no tuve tiempo de escribirte una corta." La síntesis requiere más trabajo, no menos.

Los enemigos cotidianos de la concisión
Antes de hablar de cómo cultivar la concisión, conviene identificar los patrones que la sabotean.

Estos son los más frecuentes en la comunicación oral:

  • Las redundancias semánticas. Frases como "subir para arriba", "resultado final" o "prever con anticipación" repiten la misma información dos veces. Saturan el discurso sin añadir ningún significado adicional.

  • Los circunloquios. En lugar de decir "para que", decimos "a los efectos de que". En lugar de "porque", construimos "en virtud del hecho de que". Estas expansiones ralentizan la comprensión y cansan al oyente.

  • El preámbulo excesivo. Algunas personas comienzan cada intervención con una cadena de frases introductorias que no dicen nada: "Bueno, como ya mencionamos antes, y antes de entrar en el tema que nos ocupa hoy..." El oyente espera, y el tiempo se agota.

  • La repetición no deliberada. Repetir una idea que ya fue comunicada claramente, sin que esa repetición tenga una función retórica consciente, diluye el impacto del mensaje y puede percibirse como falta de confianza en el oyente.

Concisión no es frialdad
Una objeción legítima: ¿acaso ser conciso implica hablar de manera seca, técnica, sin afecto ni calor? No necesariamente.

La emoción no requiere extensión. Algunas de las frases más conmovedoras de la historia son también las más breves. "Amaos los unos a los otros" tiene siete palabras. La profundidad no se mide en cantidad de sílabas.

Lo que sí requiere la concisión es precisión emocional: elegir la palabra que no solo es exacta en su significado, sino que también porta el tono adecuado.

Una palabra bien elegida puede contener más calidez que un párrafo entero construido con buenas intenciones pero poca claridad.

Cómo desarrollar la concisión
La concisión es una habilidad que se entrena. Estas son algunas estrategias concretas:

Piensa antes de hablar. La concisión oral comienza antes de abrir la boca. Si tienes unos segundos para formular tu idea, úsalos. Un pensamiento claro produce frases más limpias.

Elimina los arranques vacíos. Revisa si tus intervenciones comienzan con frases que no aportan información. Empieza directamente con el contenido que importa.

Usa verbos activos y directos. "El equipo presentó los resultados" dice más con menos palabras que "Se procedió a la presentación de los resultados por parte del equipo".

Grábate y escúchate. El audio revela patrones que no percibimos en el momento de hablar. Identifica dónde repites, dónde te extiendes sin necesidad, dónde pierdes el hilo.

Practica el resumen. Toma una idea que sueles explicar en cinco minutos y prueba explicarla en uno. No para restar: para descubrir qué es verdaderamente esencial y qué es decoración.

Reflexión final
Ser conciso es, en el fondo, un acto de generosidad. 
Cuando hablamos con precisión y sin excesos, le decimos al oyente: te respeto, valoro tu tiempo y confío en que entiendes lo que digo sin que yo tenga que repetirlo de cinco maneras distintas.

También es un acto de honestidad intelectual. Las palabras de más, con frecuencia, esconden la ausencia de ideas de más. Cuando tenemos algo genuino que decir, no necesitamos tanto adorno.

Cultiva la concisión como se cultiva cualquier disciplina: con práctica consciente, con humildad ante el idioma y con atención constante al efecto que tus palabras producen en quien te escucha. El orador conciso no es el que menos habla: es el que más dice con lo que dice.

Preguntas para reflexionar

•        ¿Hay temas sobre los que tiendes a extenderte más de lo necesario? ¿Por qué crees que ocurre?

•        ¿Podrías resmir tu próxima intervención importante en tres frases? ¿Cuáles serían?

•        ¿En qué momentos de tu comunicación cotidiana podrías practicar mayor concisión hoy mismo?

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