AMAR LAS COSAS


Amamos las cosas con ternura, las cuidamos, las evocamos… pero ellas no saben que existimos.  

Hay una tristeza silenciosa en ese amor unilateral: los objetos que nos acompañan no sienten, no recuerdan, no responden.  

Y sin embargo, nos aferramos a ellos como si pudieran devolvernos algo más que utilidad: una memoria, una presencia, una caricia.  

Quizás lo que realmente amamos no son las cosas, sino lo que representan: los momentos vividos, las personas que ya no están, los fragmentos de nosotros mismos que dejamos en cada rincón.


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