DE POLÍTICOS, APOLÍTICOS, PARTIDISTAS Y APARTIDISTAS Y POR QUÉ LOS GRIEGOS LLAMABAN IDIOTAS A LOS APOLÍTICOS.

"La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”. Marco Aurelio Almazán.

Ante la nueva noticia de que  partidos de oposición y del el bloque oficialista sostendrán  reuniones para definir los perfiles de los próximos integrantes de la Junta Central Electoral (JCE) y el Tribunal Superior Electoral (TSE), con el propósito de que el primer punto de la agenda apruebe que las personas electas para esos organismos sean "apartidistas",  trato de definir semántica y sintácticamente mente dos conceptos que tienden a confundir a la gente: "apolítico" y "apartidista".

APOLÍTICO: Es el término que generalmente se usa para designar a aquellas personas que se caracterizan por una despreocupación más o menos radical y constante respecto de las cuestiones políticas y las ideologías.
Una persona apolítica es aquella que no encuentra interés en la política existente o no aprueba ninguna de las ideas políticas que conoce por lo que decide voluntariamente desprenderse de toda actividad política de su entorno. 'Cada ser crea su entorno, nadie nació con religión y política'.

APARTIDISTA: se entiende a aquella persona física o jurídica que, siendo política, lo es desde un punto de vista independiente respecto a los partidos políticos.

Bertolt Brecht, el dramaturgo y poeta alemán, con su acostumbrado y punzante criterio, se refirió así a quienes no participan en política.


Deseo compartirle un articulo de Edith Sánchez, escritora y periodista colombiana, ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Autora de publicaciones como;  "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

Los griegos llamaban “idiotas” a los apolíticos

Se ha vuelto común el hecho de decir que no vale la pena participar en política porque todo será siempre igual y no hay manera de arreglarlo. Una buena parte de los ciudadanos en el mundo son apolíticos, no se ocupa ni siquiera de ejercer el derecho al voto y no quiere saber nada de lo que se hace desde el poder, salvo para quejarse de él.

Siguiendo este hilo, traemos a colación un dato importante: el origen de la palabra “idiota”. La palabra “idiota” tiene su origen en la Grecia Antigua y era utilizada para designar a aquellas personas que no se ocupaban de los asuntos públicos, sino solamente de los temas privados. Al principio no tenía una connotación despectiva, pero con el paso del tiempo, especialmente después de algunos sucesos, se convirtió en una palabra insultante.

“La política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que sí le importa”. Marco Aurelio Almazán.

Los atenienses le daban un gran valor a la participación política. Lo consideraban un deber y un derecho y todo ciudadano libre los tenía que ejercer. Esto era precisamente lo que diferenciaba al ciudadano del bárbaro y por eso el Estado se ocupaba de garantizar que los sujetos libres pudieran gozar de ese privilegio. Por eso se les llamaba “idiotas” a quienes no lo hacían.

El círculo vicioso de los apolíticos
Es preocupante que muchas personas en el mundo piensen que no participar de alguna manera en la actividad política es un acto de conciencia. Parten de la idea de que ser completamente escépticos y mantenerse al margen de todo es la actitud más razonable. No importa que todo lo que se haga desde el poder los afecte directa o indirectamente. Simplemente han renunciado a participar.

Es claro que la clase política tiene mucho que ver con ese escepticismo de los ciudadanos. Vivimos una época en la que se ha pasado de la corrupción soterrada al franco cinismo. Muchos de los políticos ya no se pueden catalogar como pensadores, estadistas o ideólogos, sino como figuras de la farándula o de circo. Han convertido el escándalo en un instrumento de publicidad y la mentira en un mecanismo de trabajo.

La paradoja es que muchos de esos personajes se mantienen en el poder gracias a los apolíticos. Nada le conviene más a ese tipo de gobernantes que unos ciudadanos pasivos y silenciosos que se conforman con criticarlo todo mientras toman el café.

Los apolíticos le dejan el campo libre a los grupos de poder dentro de una sociedad. No ofrecen resistencia, no contestan y, aparentemente, “no cuentan”. La verdad es que esa “no acción” se convierte en un factor que define mucho para un país. Los que responden se convierten en una minoría, muchas veces marginal; y los que gobiernan mal, lo hacen con la complicidad de los que solamente se ocupan de sus propios asuntos, olvidando que forman parte de una sociedad.

El individualismo y la comunidad.
El individualismo radical se ha convertido en una forma de pensar y de vivir. Cada quien piensa solamente en lo que cree que le compete. Pero ahí viene otra paradoja: nunca como ahora las personas han tenido tan poca individualidad. Esa suma de islas conforman una masa en la que el uno no se diferencia del otro y cada quien cree que piensa en lo suyo, pero está pensando en lo mismo que piensan los demás.

Mujer desnuda con estrella en el centro representando a los apolíticos

Ese individuo-masa de la actualidad quiere vivir en su propia burbuja. Cada uno anda con los ojos puestos en su propio teléfono móvil, escuchando su propia música, en sus propios audífonos y con sus propias preocupaciones que, por lo general, son bastante similares a las de los demás. Y si no hay comunidad, como tal, tampoco hay política, como tal.

El sentido de lo colectivo solo se recupera parcialmente en algunas ocasiones excepcionales. En un partido de fútbol, por ejemplo, cuando todos se sienten uno apoyando al mismo equipo. O en un concierto, donde todos cantan al tiempo la misma canción y se contagian mutuamente la emoción o la histeria. Ahí las personas se sienten parte de un colectivo, pero al mismo tiempo se sienten solas. De ahí la necesidad de llevar al extremo la intensidad de las emociones.

En el psicoanálisis lacaniano se suele decir que idiota es el que debe atenerse a las consecuencias. El que padece el efecto de las circunstancias, pero mantiene una posición pasiva frente a ellas. Así es el apolítico, esa persona que quizás construye algunos lazos, pero no sabe construir comunidad. Alguien que exhibe su pasividad como un logro y renuncia a la libertad en nombre de un supuesto éxito individual, desconociendo que se trata más bien de una forma sublimada de esclavitud.

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Historias que hacen historia



Primera forma: Comunicación Verbal

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Es la comunicación más habitual. Se realiza por medio de la palabra oral o escrita. Mediante ella las personas transmiten ideas, pensamientos, sentimientos o informaciones utilizando la pronunciación o la escritura.

Segunda forma: Comunicación no verbal

Segunda forma: Comunicación no verbal
Se produce con nuestros gestos, ademanes y modales. No utiliza palabras. Conforma el lenguaje aparentemente mudo, que transmite con el cuerpo mucha más información que las palabras mismas.

Tercera forma de comunicar: Comunicación paraverbal

Tercera forma de comunicar: Comunicación paraverbal
Se refiere a la manera cómo decimos las cosas, no al contenido mismo de las palabras. No se trata de qué se dice, sino de cómo se dice. Incluye aspectos como el tono, volumen, ritmo, entonación, pausas y velocidad del habla, los cuales pueden reforzar, contradecir o modificar el mensaje.

Cuarta forma de comunicar: Comunicación paralingüística

Cuarta forma de comunicar: Comunicación paralingüística
Estudia los aspectos no verbales de la voz que acompañan al lenguaje oral para matizar, enfatizar o complementar su significado, como el tono, volumen, ritmo, pausas y silencios. Estos elementos expresan emociones, actitudes y estados de ánimo, siendo cruciales para la interpretación precisa del mensaje.

Las formas diversas de exponer la palabra hablada constituyen los:

Las formas diversas de exponer la palabra hablada constituyen los:
Entre los géneros destacados encontramos: el discurso, el debate, la conferencia, el panel, el informe oral, la entrevista, el seminario, el sermón, el panegírico, la arenga, entre otros no menos importantes.

Para convencer, persuadir, orientar e informar:

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Un discurso es una forma de comunicación, oral o escrita, estructurada para exponer, persuadir, informar o entretener a una audiencia sobre un tema específico. Se caracteriza por su claridad, coherencia, uso del lenguaje y un propósito definido. Puede ser político, académico, comercial, social, educativo, religioso.

Impactan las épocas, transforman las circunstancias:

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El discurso es el género más destacado de la comunicación oral. Es importante por su duración, por la ocasión, por el tema y porque está además destinado a ejercer una especial influencia sobre la decisión de un auditorio. Estos presentados aquí son discursos inolvidables de la historia.

Promueve la libre discusión de ideas:

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Es una técnica de comunicación oral planificada que consiste en la confrontación organizada de ideas u opiniones diferentes sobre un tema determinado

Ofrece la oportunidad de ser un expositor magistral:

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Una conferencia es una exposición oral formal, presencial o virtual, impartida por especialistas para difundir conocimientos, intercambiar ideas o discutir temas específicos ante una audiencia interesada.

Para obtener información puntual

Para obtener información puntual
Es un género discursivo y periodístico basado en el diálogo sistemático. Consiste en un intercambio comunicativo planificado donde se busca obtener información, opiniones o testimonios mediante una dinámica de pregunta-respuesta entre entrevistador y entrevistado.

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