El ritmo al hablar es el puente entre la voz y la palabra y juega un rol crucial porque lo que expresa no depende de lo que significan las palabras, sino de lo que el cuerpo manifiesta y de lo que la respiración determina.
¿Por qué el ritmo está clasificado tanto en las cualidades de la voz como en las cualidades de la expresión oral ?
¿Es el ritmo una característica física o una técnica de
comunicación?
Usemos la metáfora del auto para acercarnos más al concepto:
Las cualidades de la voz son el motor, la caja de cambios y la potencia de fábrica del vehículo (el instrumento técnico).
Las cualidades de la expresión oral son la destreza del conductor que decide cuándo acelerar en las curvas o frenar en un semáforo para llegar seguro a su destino (la habilidad al volante).
Para comprenderlo mejor, enumeremos los tres pilares
sobre los que se sostiene el ritmo y que interactúan constantemente:
La velocidad o tasa de elocución: Es el número de
palabras o sílabas que emitimos por minuto. Hablar demasiado rápido genera
ansiedad; hablar muy lento puede aburrir. El secreto de un buen ritmo es la
variedad.
Las pausas o Silencios: El silencio es tan importante
como el sonido. Sirven para respirar y para que el oyente procese la
información. Aquí cobran especial interés las pausas dramáticas o de contenido.
La fluidez: Es la continuidad del discurso. Un ritmo
fluido es aquel que no se interrumpe constantemente con tropiezos, repeticiones
innecesarias o muletillas ("eeeh", "este...").
La gran duda: ¿Por qué el ritmo pertenece a dos renglones
distintos?
Es común confundirse al ver el ritmo clasificado tanto en
las cualidades de la voz como en las cualidades de la expresión oral.
¿Es el ritmo una característica física o una técnica de comunicación? La respuesta es que es ambas cosas.
El ritmo pertenece legítimamente a ambos aspectos:
1. A la "Cualidad de la Voz" formando la base
biológica y paralingüística de cada persona.
Visto así, el ritmo se analiza desde un punto de vista
físico, orgánico e involuntario. Es cómo suena tu voz de manera natural debido
a la formación de nuestro cuerpo:
El ritmo permanece ligado a la respiración y determinado
por nuestra capacidad pulmonar y el control del diafragma. No puedes hablar más
rápido de lo que tus cuerdas vocales modulan, ni más lento de lo que tus
pulmones sostienen el aire.
El ritmo es un reflejo emocional inconsciente. Cuando tenemos
miedo, nuestro ritmo cardíaco se acelera y hablamos más rápido. Si estamos
cansados, el ritmo decae. Podemos valorar así que el ritmo no es una estrategia,
es un síntoma biológico.
La identidad vocal
o idiolecto determina que cada persona tiene al hablar rasgos naturales que
la caracterizan, casi como una huella digital influenciada por su entorno social,
su edad y su experiencia.
Esto incluye las peculiaridades de pronunciación,
vocabulario, gramática y entonación que
cada persona desarrolla a lo largo de su vida.
2. A la "Cualidad de la Expresión Oral" como herramienta técnica y comunicativa. En esta
fase el ritmo deja de ser un impulso físico y se convierte en una herramienta
consciente, estética y estratégica para lograr un objetivo con el oyente
El ritmo permite tener control de la atención sobre los
receptores, lo que constituye un ángulo fundamental de la oratoria. Un buen
comunicador manipula su ritmo. Sabe que si acelera genera urgencia, y si frena
bruscamente antes de un dato clave, obliga al público a prestar atención.
En el ámbito de la intencionalidad y la claridad, el
ritmo se adapta al contexto. No usamos la misma velocidad para explicarle
astrofísica a un niño, lo que es didáctico, que para narrar un partido de
fútbol en la radio que requiere arranque de emociones.
El ritmo provee un uso estético del silencio: Las pausas
ya no se hacen solo porque "nos quedamos sin aire", sino para
permitir que nuestra última frase impacte en la mente del oyente, lo que equivale
a una pausa dramática.
Podemos concluir con que el ritmo pertenece a las cualidades de la voz porque nace de tus pulmones, tu anatomía y tus emociones crudas. Pero pertenece a la expresión oral porque, una vez que el sonido sale de tu boca, tú decides cómo gobernarlo para influir en los demás.
Es la unión perfecta entre el instrumento físico (la voz)
y la habilidad del músico (la expresión).



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