LA COMUNICACIÓN AUDITIVA

 

Podemos afirmar que la comunicación auditiva es el arte de lo invisible. Ocurre que, mientras la mirada se posa, el oído se abre.

La comunicación auditiva no ocupa espacio, pero llena el tiempo porque es fluida, intangible y la que más directamente conecta con nuestra memoria y nuestras emociones más primarias.

No vemos el sonido, pero lo sentimos vibrar en el cuerpo antes de que la razón lo interprete.

El sonido no es una cosa, es una onda, y en esa onda viaja mucha más información de la que creemos
Percibir.

Para entender la comunicación auditiva pura, debemos descomponerla en sus elementos esenciales:

La frecuencia o tono:  Un tono grave impone autoridad o calma; un tono agudo alerta o genera tensión. En la naturaleza por ejemplo, los depredadores rugen grave mientras las presas chillan agudo.

La amplitud o inmensidad: El volumen es determinante, ya que no es lo mismo un susurro que un grito. El susurro crea un espacio íntimo, casi secreto, que obliga al otro a acercarse. El grito rompe el equilibrio y exige una respuesta inmediata.

El volumen no solo informa, sino que mide la distancia emocional entre los interlocutores.

El timbre: Es la "huella dactilar" del sonido, la personalidad acústicaEsto permite distinguir la voz de tu madre de la de tu hermana, incluso diciendo la misma palabra. Un timbre metálico, aterciopelado, nasal o gutural evoca sensaciones muy distintas.

El ritmo y la duración: Los sonidos no existen sin el tiempo, de hecho la música es el arte de bien combinar los sonidos y el tiempo.

Elementos como la velocidad al hablar, los silencios entre palabra y palabra, la pausa antes de una respuesta y el ritmo marcan el flujo de la comunicación. Una pausa larga no es vacío; es tensión, espera o énfasis.

Visto así,  el silencio es el sonido que no se oye y lo constatamos por el hecho de que en la comunicación auditiva, el silencio no es ausencia de mensaje, es mensaje en sí mismo.

El silencio tiene múltiples funciones:

Silencio de respeto ante una noticia grave.

Silencio de énfasis justo antes de soltar la frase clave.

Silencio de espera para que el otro complete su pensamiento.

Silencio de rechazo cuando no hay respuesta a una pregunta esperada.

En música, el silencio o pausa es tan importante como la nota, por lo que deducimos que en  oratoria, una pausa bien colocada vale más que un adjetivo.

Saber gestionar el silencio es, quizá, la habilidad más sofisticada de la comunicación auditiva.

La voz humana es el instrumento más complejo, es el principal canal de comunicación auditiva porque no solo transmite palabras, sino que traduce estados de ánimo. Veamos:

  • Una voz temblorosa delata miedo o inseguridad.

  • Una voz firme y pausada transmite seguridad.

  • Una voz con un final ascendente (como en las preguntas) invita a la participación.

  • Una voz con un final descendente cierra y da por concluido el turno de palabra.

Además, la voz tiene un componente fisiológico incontrolable, y es que no podemos fingir del todo la voz cuando sentimos una emoción fuerte. Esta es la razón por la que en  las conversaciones importantes, escuchamos más la voz que las palabras.

No toda la comunicación auditiva usa palabras. Los sonidos del entorno nos hablan constantemente como :

El timbre del teléfono nos dice quién llama sin ver la pantalla.

El ruido de una máquina nos alerta de que funciona bien o de que está fallando.

La música de una película nos dice si debemos sentir miedo, alegría o tristeza, incluso antes de que el personaje hable.

El paso de los pies en un pasillo vacío comunica urgencia o calma.

La música, en particular, es el lenguaje auditivo más universal debido a que no necesita traducción.

Una melodía triste en Japón es triste en México. La música comunica emociones puras, sin mediación de los conceptos.

En el ámbito de la escucha activa vemos el otro lado de la moneda.

Comunicar auditivamente no es solo emitir; es escuchar y escuchar no es oír. Oír es un acto fisiológico ya que las ondas entran por el oído, mientras  que  escuchar es un acto cognitivo y emocional, que se manifiesta en: las siguientes maneras

La  escucha atenta,  prestando atención a cada matiz de tono y ritmo.

La  escucha empática:  detectando no solo la  personalidad acústica  o lo que se dice, sino lo que se siente.

La escucha crítica: Evaluar la coherencia entre el discurso y la emoción transmitida.

Un buen comunicador auditivo sabe que el 70% de su éxito depende de su capacidad de escuchar al otro, no solo de su capacidad de hablar.

La ausencia de referente visual

Lo más distintivo de la comunicación puramente auditiva es que no muestra, sugiere, por esto cuando escuchamos una historia en la radio, nuestra mente crea imágenes propias. 

Esa imagen es única e intransferible. Por eso la radio es más participativa que la televisión: el oyente completa el mensaje con su imaginación.

Esta cualidad hace que la comunicación auditiva sea:

Más sugestiva que descriptiva.

Más emocional que racional.

Más subjetiva que objetiva.

La comunicación auditiva es el arte de tejer mensajes en el tiempo, utilizando la vibración, el silencio y la emoción. 

No necesita luz para existir; solo necesita un oído atento y un corazón dispuesto a resonar. 

En un mundo saturado de estímulos visuales, lo auditivo sigue siendo el canal más íntimo, el que nos recuerda que, antes de entender, ya estábamos sintiendo.

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